FullSizeRender (1)VIRGINIA CARRERA GARROSA

Experta en Género y Políticas de Igualdad en las Relaciones Laborales.

Hace años empecé a observar que las mujeres eran consideradas menos productivas en el trabajo.  Mi observación fue más allá, además, éramos consideradas menos disponibles para el empleo, por una cuestión de etiquetas y de roles asignados en la sociedad. Esta observación rápido pasó de contemplación a rabia, y por último a activismo para cambiar esta situación.

Por mi actividad laboral visito empresas, negocio condiciones de trabajo con departamentos de recursos humanos y asesoro en materia laboral a multitud de mujeres y a algunos hombres. La conclusión que saqué hace años es que las mujeres somos consideradas "mano de obra" de alto riesgo, por las posibilidades que tenemos de ausentarnos del mundo laboral por una cuestión social, la maternidad y la crianza.  

Considero, que  la clave para abordar la desigualdad que sufrimos las mujeres en el acceso y permanencia en el empleo, pasa por cuestionarse los modelos actuales de cuidados que se basan  en un reparto desigual de las tareas domesticas y de crianza; por aumentar los  recursos públicos de atención a la dependencia y en último lugar  y no menos importante,  por  implicar a los hombres en las actividades del hogar y en el cuidado de las criaturas y mayores, es decir, el modelo debe ser revisado y construido en términos de corresponsabilidad.

La primera medida que se debería tomar, si nos tomamos en serio  y queremos de verdad alcanzar la de igualdad de oportunidades, es la equiparación de los permisos laborales de nacimiento y adopción.

El actual modelo de permisos,  tal y como está diseñado,  genera desigualdad y no apuestan por una sociedad corresponsable. Es evidente que el permiso de paternidad es ocho veces menor que el de maternidad.

Los permisos laborales  de  nacimiento y adopción son fundamentales para asegurar los derechos de niños y niñas a ser cuidados por sus progenitores. La menor duración del permiso de los padres priva a las criaturas de la conveniente atención por parte de uno de sus progenitores. La corresponsabilidad en el cuidado en el entorno familiar podría extenderse sustancialmente si los padres tuvieran un derecho propio, igual al de las madres.  

En otro parámetro, como afirmaba inicialmente, las mujeres sufrimos la desigualdad en la contratación, promoción y estabilidad profesional por la creencia de ser consideradas menos disponibles y menos productivas,  en un mundo laboral  en el que no siempre se miden los objetivos y el rendimiento, sino que valora la permanencia en el puesto de trabajo ante todo. Los permisos actuales mantienen estos estereotipos y fomentan la desigualdad al ser las mujeres las que se ausentan largas temporadas cuando llega una criatura. 

Con este diseño de permisos por un lado los padres se ven privados de su derecho a cuidar y las madres asumen en solitario el cuidado de las criaturas, con los consecuentes perjuicios en sus empleos y derechos sociales.

Esta etiqueta de  menos disponibles y productivas no solo la sufren las madres, si no toda aquellas mujeres  que conviven con la realidad de ser consideradas ausentes en un momento determinado de sus vida, aunque incluso nunca vayan a ser madres. La mayoría de las empresas piensa que si contratan a una mujer, tiene la posibilidad de ausentarse  durante dieciséis semanas, mientras que, como regla general, un hombre solo se ausentará dos.

Como consecuencia, existe una precarización del empleo feminizado, la segregación laboral aumenta y se desperdicia gran parte del capital productivo de las mujeres,  mientras que paralelamente se está desaprovechando el capital cuidador de los hombres.

Por otro lado, pero de igual importancia, debemos señalar que las calificaciones de paternidad y maternidad no son ya adecuadas en una sociedad en la que se reconocen iguales derechos a todas las formas de convivencia y parentalidad. El sistema actual de permisos apuesta por  modelos  heterosexuales y biparentales obviando en muchos casos otros muchos tipos de familia que existen en nuestra sociedad.

Para  conseguir un reparto equilibrado de las responsabilidades familiares, evitar la discriminación por maternidad y fomentar unos roles igualitarios y que todas y todos puedan cuidar, una medida necesaria, aunque no la única, es que los permisos sean iguales para ambos progenitores, intransferibles y pagados al 100%. El que cada progenitor goce de unos derechos propios, independientes de la otra persona progenitora, garantizará un sistema que apueste por la corresponsabilidad y por la educación en igualdad desde las primeras atenciones que precisa un criatura. Como  efecto añadido, este nuevo sistema de permisos evitaría la discriminación por  tipo de familia.

Por todo esto me hice activista de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA), en la cual proponemos una reforma del sistema actual de permisos para que sean equiparados. De todo ello dialogaremos en el II #RSEncuentro que organiza Fundación Cepaim, donde charlaremos sobre la necesidad de inlcuir las diferentes variables de la diversidad en la conciliación y corresponsabilidad. 

 

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